EL
SIGNO DE LA CRUZ
(The
Sign of the Cross)
1932.
Dir. Cecil B. DeMille.
Cecil B. DeMille (1881 – 1959) fue uno
de los pioneros, fundadores del cine norteamericano. Creador, junto con Lasky y
Goldwyn de una compañía que años más tarde sería la Paramount Pictures (1913),
también fue realizador de la primera cinta de largometraje (seis rollos) que
vino a darle su hegemonía y significado a Hollywood (Amor de indio, The Squaw Man, 1914). De
difícil carácter, exigente, detallista, cuyo maltrato a equipo y actores era
conocido, aunque siempre tolerado porque fuera de los foros era persona amable,
DeMille se tornó en el ejemplo de la grandilocuencia de la fábrica de los
sueños. Si inicialmente había un bajo presupuesto, tenía el suficiente talento
para inflarlo visualmente y hacer que sus escenografías se notaran inmensas y
costosas. Su sensibilidad hacia el cine era semejante al de Hitchcock: siempre
traía la película dirigida en su mente y sabía perfectamente lo que quería y
buscaba. Algo que puede destacarse técnicamente es su sentido de edición y
continuidad ya que sus películas están bien narradas. No obstante, la sensación
final, luego de ver una de sus películas, es de vacío y superficialidad:
vulgaridad absoluta pero complaciente y segura de lo que busca y desea su
público. En otro aspecto, su discurso contrasta religiosidad y ética con
sexualidad y exceso. Sus tramas pueden presentar los extremos absolutos en
cuestiones carnales pero la redención final de sus personajes borra toda
controversia y finalmente triunfa la pureza. Un truco que fue muy saludable
para sus películas previas al código moral porque sabía manejar de manera
equilibrada estas dos caras del discurso. El signo de la cruz (que, si
nos pusiéramos más estrictos, debería ser “La señal de la cruz”) es uno de los
mejores ejemplos que ilustran el caso DeMille.
Cecil B. DeMille
En el año 64 después de Cristo, Roma
está gobernada por el díscolo Nerón (Charles Laughton, soberbio y con nariz
falsa). Al inicio de la cinta, mientras toca la lira y canta, está observando
el incendio de la ciudad, ordenado por él mismo porque estaba aburrido, además
de que podía culpar a los cristianos, esa nueva “secta”, a los cuales
consideraba sus férreos enemigos, de haberlo provocado.
Charles Laughton
Por tal motivo, son
perseguidos para ser ejecutados en público en el circo romano. Titus (Arthur
Hohl) llega a Roma desde Jerusalén, para compartir a los cristianos de
epístolas que envía Pablo. Lo apoya Favius (Harry Beresford) quien ha cuidado
de los huérfanos Mercia (Elissa Landi) y Stefan (Tommy Conlon) quienes no son
hermanos pero cuyos padres respectivos fueron muertos por sus creencias. Cuando
van a ser detenidos por sospechosos, Mercia interviene en el preciso momento en
que pasa el prefecto Marcus Superbus (Fredric March) quien queda flechado por
la joven.
Elissa Landi y Fredric March
Ante la envidia y rivalidad de Tigellinus (Ian Keith), general
cercano a Nerón, logra capturar a la muchacha, además de torturar y hacer
confesar a Stefan del lugar donde se reúnen los cristianos y emboscarlos,
matando a muchos de ellos. Marcus utiliza su poder para llevar a Mercia a su
casa con el afán de hacerla su amante.
Claudette Colbert
Popea (Claudette Colbert), esposa de
Nerón, enamorada de Marcus, instiga al emperador para que encarcelen a la
joven, quien se ha negado a los avances del prefecto. Mercia es llevada junto
con Stefan y los sobrevivientes de la masacre de cristianos al circo romano
donde serán lanzados a los leones. Marcus llega casi al último momento para
pedirle que reniegue de su fe (condición que le ha dado Nerón para perdonarla).
Ella le responde que no tiene miedo a morir. Ante la fortaleza de Mercia,
Marcus decide quedarse con ella y enfrentar la muerte.
La masacre de cristianos
La sinopsis deja clara cuenta de que es
una variante de la trama de “Quo Vadis”, la novela del premio Nobel polaco
Sienkiewicz, que ya había sido filmada por los italianos en 1913 y 1924. Ahora,
sobre una obra teatral con la misma base histórica de Nerón, DeMille tenía otra
épica de los tiempos antiguos (entre sus cintas del cine silente estaban Los
diez mandamientos en 1923 y Rey de reyes en 1927), pero sabía que la
decadencia del imperio romano podría asemejarse a la decadencia de los Estados
Unidos en pleno tiempo de recesión económica y se aventuró a explorar el tema.
DeMille, quien sería muy exitoso de aquí en adelante, había tenido varios
fracasos. Expulsado de la Paramount, había probado suerte en la Fox y luego con
la MGM, donde sus recientes cintas fallidas había dado lugar a la rescisión de
su contrato. Paramount Publix, como se llamaba entonces, le dio otra
oportunidad: DeMille puso la mitad de la producción con sus ya mermados
recursos y el estudio, tanto los foros como las escenografías ya levantadas
para otras cintas. Lo mismo se revisaron y reutilizaron vestuarios de bodegas,
además de que el elenco estaba conformado por estrellas bajo contrato de la
Paramount. El jefe de producción le recordaba que esta película era su prueba
de fuego y que de ella dependía su futuro. DeMille cuidó mucho su trabajo y
como resultado logró una cinta taquillera que triunfó en todo el mundo, dejó
grandes ganancias y dio como resultado que DeMille firmara un contrato
ventajoso que le permitiría filmar otras 14 películas hasta 1956, todas con la
Paramount.
La fastuosidad disfrazada
Sin embargo, lo más sustantivo de la
trama no se ha mencionado y solamente puede gozarse en toda su extensión al ver
la película. DeMille nos muestra la decadencia romana con un Nerón afeminado, indolente
y cínico. Charles Laughton, con una nariz romana falsa y su excesiva gordura,
interpreta a un ser repulsivo tanto interior como exteriormente. De pronto,
recostado, quejándose de un cansancio inexplicable, simplemente expresa:
“Delicioso libertinaje” mientras decide sobre el destino de los cristianos.
Popea toma su baño con leche de burra en una secuencia que inicia con varios
esclavos ordeñando el líquido de los animales para que sea depositado en un
contenedor cuya salida va hacia la bañera de la emperatriz y sus sirvientas le
unten perfume mientras unos gatitos se acercan para lamer la leche
desperdiciada.
Popea se baña con leche de burra
Al estar Mercia en casa de Marcus al cual rechaza de sus
avances, éste, enojado ante la negativa a dar rienda suelta a su pasión carnal,
le habla a Ancaria (Joyzelle), una mujer, a todas luces cortesana, a la que
describe como sabia e inteligente, además de voluptuosa, para que baile y
cante alrededor de la muchacha una
canción que habla de placeres prohibidos con la intención de seducirla. Stefan
es enviado a un sótano para ser torturado, ante la vigilancia excitada y
desmedida de Tigellinus. No obstante, el exceso mayor se desborda visualmente
durante el espectáculo sangriento del circo romano.
Una amazona decapita a un enano
Dividido el programa en diversas
partes, primero se tiene un enfrentamiento entre gladiadores quienes expresan
“Ave César, los que estamos a punto de morir te saludamos”. Luego vienen otras
variantes de torturas y acciones crueles
ante las diversas reacciones de los espectadores: se destacan rostros
aburridos así como otros emocionados y, en pocos, el impacto de lo que están
presenciando: luchadores con manoplas que desgarran cabezas o mejillas, hombres
encadenados al suelo mientras pasan elefantes que los aplastan, amazonas que
luchan contra enanos a los cuales decapitan, cortan miembros o simplemente
atraviesan con su espada para levantarlos en vilo con sus cuerpos atravesados.
Una prisionera sometida a un gorila
En otros momentos, una joven semidesnuda, colgada entre dos soportes a ras de
suelo sufre el embate de cocodrilos, u otra mujer atada a un poste recibe el
ataque de un gorila. Todos estos hechos sangrientos sirven como preámbulo al
gran número final que DeMille ya no mostró: la muerte de los cristianos ante
las voraces fauces y garras de los leones.
Nerón atendido por su esclavo desnudo
Por supuesto que la película causó
estupor ante el público y ante los censores, cuya fuerza no estaba todavía tan
definida ni era esencial su sello de aprobación para la exhibición de las
películas. Nerón tenía a su lado a un esclavo claramente desnudo (que no
mostraba sus genitales pero todo lo enfatizaba con su posición y movimientos).
Popea jugaba con la leche que bañaba su cuerpo y en algunos breves segundos son
notorios sus pechos desnudos.
Mercia ante la seducción de Ancaria
El canto de la cortesana incitaba a una seducción
lésbica para mover sus instintos y provocar la entrega a Marcus. Stefan se
desmayaba ante la tortura y su cuerpo semidesnudo aparecía con las marcas de
los latigazos que enardecían la mirada de Tigellinus. Durante la emboscada a
los cristianos y el ataque con flechas a las cuales eran sometidos, éstas
atravesaban cuellos, pechos, alcanzando además a niños pequeños. Cuando la
película fue reestrenada en los años cuarenta, había sufrido varios cortes
además de tener una introducción explicatoria, aunque, por fortuna, la versión
original se conservó en las bóvedas de la Paramount para su reconstrucción
muchos años después al llegar los tiempos del vídeo.
Popea y su objeto del deseo: Marcus
No obstante, todos estos excesos
carnales se anulaban en el momento final de la redención. No se volvía a ver a
Nerón ni a Popea. Marcus obtenía su fe al ver a su amada tan convencida de su
religión. No importaba todo lo que se había mostrado porque la justificación
consistía en subrayar la decadencia y amoralidad de la sociedad romana
encabezada por su líder. Las acciones extremas de los personajes se debían a su
baja calidad como seres humanos y al compararlos con la fe y temor, pero
finalmente pureza y resignación, de las víctimas cristianas, se obtenía el
perdón, la seguridad de que habría salvación (el sacrificio de Marcus era el
mejor ejemplo) y las conciencias quedaban tranquilas sin importar que todo
había sido vulgar, explotador de instintos básicos, superficial, pero muy
efectivo.
El programa de lujo del estreno
La película se exhibió como gran
atracción especial en las grandes ciudades (a 2 dólares el boleto, algo
inconcebible para los tiempos de mala economía) y fue exitosa pero más aún
cuando se ofreció a precios populares. En este caso, la cinta, con duración de
110 minutos, se pasaba con intermedio, en dos partes definidas. Un programa de
lujo se vendía en los vestíbulos de las salas de cine. DeMille seguiría
filmando otros temas de estos tiempos antiguos (Cleopatra, Las
cruzadas, Los diez mandamientos) siempre con espectacularidad y
cumpliendo su axioma personal (“al público hay que darle lo que quiere”) porque
le daba resultado.
Una película con intermedio
El cine de DeMille es deliciosamente superficial. Todas sus
propuestas se deben a un propósito y a los efectos especiales: no es tan
importante Moisés como mostrar la partición del mar, ni las relaciones humanas
de cirqueros como el incendio del mismo, o en este caso la persecución
religiosa como el regodeo en las torturas y muertes salvajes. Y, con todo ello,
el director fue un bastión de la industria: amo de la taquilla.
Cecil B. DeMille como él mismo
con Norma Desmond (Gloria Swanson)
en "El ocaso de una estrella"
DeMille tiene un momento de gloria como
actor, interpretándose a sí mismo. En El ocaso de una vida (Sunset
Boulevard, 1950), el maestro Billy Wilder hace que la decadente y olvidada
Norma Desmond (Gloria Swanson) visite los estudios de la Paramount (productora
de esta cinta) creyendo que su gran director (de hecho, DeMille dirigió a
Swanson en varias cintas) la anda buscando para su retorno. DeMille estaba
filmando Sansón y Dalila (1949) y le rinde honores a su vieja estrella,
aunque sean efímeros. Polémico y extravagante, pero audaz y emprendedor,
DeMille es personaje que no puede pasar desapercibido aún si estuviera uno a
favor o en su contra.
La magnífica biografía de DeMille
El biógrafo Scott Eyman publicó Empire of Dreams (Simon
& Schuster, 2010), una documentada crónica de vida sobre un republicano
que fue periódicamente infiel a su esposa, de la cual nunca se divorciaría, y
estuvo a favor de McCarthy cuando la cacería de brujas en Hollywood. Un libro muy recomendable para los cinéfilos de hueso colorado. En 2006,
la Universal (que maneja los derechos de las producciones de Paramount hasta
1948) editó una colección de DVD, con cinco de las películas de los años
treinta de DeMille y de la cual hemos revisado este vídeo. No, no puedo pasar
sin llamar la atención en algún momento.
Una de las joyas de mi videoteca

















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