domingo, 2 de agosto de 2020

EL SIGNO DE LA CRUZ (1932) - CECIL B. DE MILLE


EL SIGNO DE LA CRUZ
(The Sign of the Cross)
1932. Dir. Cecil B. DeMille.
         Cecil B. DeMille (1881 – 1959) fue uno de los pioneros, fundadores del cine norteamericano. Creador, junto con Lasky y Goldwyn de una compañía que años más tarde sería la Paramount Pictures (1913), también fue realizador de la primera cinta de largometraje (seis rollos) que vino a darle su hegemonía y significado a Hollywood (Amor de indio, The Squaw Man, 1914). De difícil carácter, exigente, detallista, cuyo maltrato a equipo y actores era conocido, aunque siempre tolerado porque fuera de los foros era persona amable, DeMille se tornó en el ejemplo de la grandilocuencia de la fábrica de los sueños. Si inicialmente había un bajo presupuesto, tenía el suficiente talento para inflarlo visualmente y hacer que sus escenografías se notaran inmensas y costosas. Su sensibilidad hacia el cine era semejante al de Hitchcock: siempre traía la película dirigida en su mente y sabía perfectamente lo que quería y buscaba. Algo que puede destacarse técnicamente es su sentido de edición y continuidad ya que sus películas están bien narradas. No obstante, la sensación final, luego de ver una de sus películas, es de vacío y superficialidad: vulgaridad absoluta pero complaciente y segura de lo que busca y desea su público. En otro aspecto, su discurso contrasta religiosidad y ética con sexualidad y exceso. Sus tramas pueden presentar los extremos absolutos en cuestiones carnales pero la redención final de sus personajes borra toda controversia y finalmente triunfa la pureza. Un truco que fue muy saludable para sus películas previas al código moral porque sabía manejar de manera equilibrada estas dos caras del discurso. El signo de la cruz (que, si nos pusiéramos más estrictos, debería ser “La señal de la cruz”) es uno de los mejores ejemplos que ilustran el caso DeMille.
Cecil B. DeMille
         En el año 64 después de Cristo, Roma está gobernada por el díscolo Nerón (Charles Laughton, soberbio y con nariz falsa). Al inicio de la cinta, mientras toca la lira y canta, está observando el incendio de la ciudad, ordenado por él mismo porque estaba aburrido, además de que podía culpar a los cristianos, esa nueva “secta”, a los cuales consideraba sus férreos enemigos, de haberlo provocado. 
Charles Laughton
         Por tal motivo, son perseguidos para ser ejecutados en público en el circo romano. Titus (Arthur Hohl) llega a Roma desde Jerusalén, para compartir a los cristianos de epístolas que envía Pablo. Lo apoya Favius (Harry Beresford) quien ha cuidado de los huérfanos Mercia (Elissa Landi) y Stefan (Tommy Conlon) quienes no son hermanos pero cuyos padres respectivos fueron muertos por sus creencias. Cuando van a ser detenidos por sospechosos, Mercia interviene en el preciso momento en que pasa el prefecto Marcus Superbus (Fredric March) quien queda flechado por la joven. 
Elissa Landi y Fredric March
         Ante la envidia y rivalidad de Tigellinus (Ian Keith), general cercano a Nerón, logra capturar a la muchacha, además de torturar y hacer confesar a Stefan del lugar donde se reúnen los cristianos y emboscarlos, matando a muchos de ellos. Marcus utiliza su poder para llevar a Mercia a su casa con el afán de hacerla su amante. 
Claudette Colbert
          Popea (Claudette Colbert), esposa de Nerón, enamorada de Marcus, instiga al emperador para que encarcelen a la joven, quien se ha negado a los avances del prefecto. Mercia es llevada junto con Stefan y los sobrevivientes de la masacre de cristianos al circo romano donde serán lanzados a los leones. Marcus llega casi al último momento para pedirle que reniegue de su fe (condición que le ha dado Nerón para perdonarla). Ella le responde que no tiene miedo a morir. Ante la fortaleza de Mercia, Marcus decide quedarse con ella y enfrentar la muerte.
La masacre de cristianos
         La sinopsis deja clara cuenta de que es una variante de la trama de “Quo Vadis”, la novela del premio Nobel polaco Sienkiewicz, que ya había sido filmada por los italianos en 1913 y 1924. Ahora, sobre una obra teatral con la misma base histórica de Nerón, DeMille tenía otra épica de los tiempos antiguos (entre sus cintas del cine silente estaban Los diez mandamientos en 1923 y Rey de reyes en 1927), pero sabía que la decadencia del imperio romano podría asemejarse a la decadencia de los Estados Unidos en pleno tiempo de recesión económica y se aventuró a explorar el tema. DeMille, quien sería muy exitoso de aquí en adelante, había tenido varios fracasos. Expulsado de la Paramount, había probado suerte en la Fox y luego con la MGM, donde sus recientes cintas fallidas había dado lugar a la rescisión de su contrato. Paramount Publix, como se llamaba entonces, le dio otra oportunidad: DeMille puso la mitad de la producción con sus ya mermados recursos y el estudio, tanto los foros como las escenografías ya levantadas para otras cintas. Lo mismo se revisaron y reutilizaron vestuarios de bodegas, además de que el elenco estaba conformado por estrellas bajo contrato de la Paramount. El jefe de producción le recordaba que esta película era su prueba de fuego y que de ella dependía su futuro. DeMille cuidó mucho su trabajo y como resultado logró una cinta taquillera que triunfó en todo el mundo, dejó grandes ganancias y dio como resultado que DeMille firmara un contrato ventajoso que le permitiría filmar otras 14 películas hasta 1956, todas con la Paramount.
La fastuosidad disfrazada
         Sin embargo, lo más sustantivo de la trama no se ha mencionado y solamente puede gozarse en toda su extensión al ver la película. DeMille nos muestra la decadencia romana con un Nerón afeminado, indolente y cínico. Charles Laughton, con una nariz romana falsa y su excesiva gordura, interpreta a un ser repulsivo tanto interior como exteriormente. De pronto, recostado, quejándose de un cansancio inexplicable, simplemente expresa: “Delicioso libertinaje” mientras decide sobre el destino de los cristianos. Popea toma su baño con leche de burra en una secuencia que inicia con varios esclavos ordeñando el líquido de los animales para que sea depositado en un contenedor cuya salida va hacia la bañera de la emperatriz y sus sirvientas le unten perfume mientras unos gatitos se acercan para lamer la leche desperdiciada. 
Popea se baña con leche de burra
       Al estar Mercia en casa de Marcus al cual rechaza de sus avances, éste, enojado ante la negativa a dar rienda suelta a su pasión carnal, le habla a Ancaria (Joyzelle), una mujer, a todas luces cortesana, a la que describe como sabia e inteligente, además de voluptuosa, para que baile y cante  alrededor de la muchacha una canción que habla de placeres prohibidos con la intención de seducirla. Stefan es enviado a un sótano para ser torturado, ante la vigilancia excitada y desmedida de Tigellinus. No obstante, el exceso mayor se desborda visualmente durante el espectáculo sangriento del circo romano.
Una amazona decapita a un enano
         Dividido el programa en diversas partes, primero se tiene un enfrentamiento entre gladiadores quienes expresan “Ave César, los que estamos a punto de morir te saludamos”. Luego vienen otras variantes de torturas y acciones crueles  ante las diversas reacciones de los espectadores: se destacan rostros aburridos así como otros emocionados y, en pocos, el impacto de lo que están presenciando: luchadores con manoplas que desgarran cabezas o mejillas, hombres encadenados al suelo mientras pasan elefantes que los aplastan, amazonas que luchan contra enanos a los cuales decapitan, cortan miembros o simplemente atraviesan con su espada para levantarlos en vilo con sus cuerpos atravesados. 
Una prisionera sometida a un gorila
          En otros momentos, una joven semidesnuda, colgada entre dos soportes a ras de suelo sufre el embate de cocodrilos, u otra mujer atada a un poste recibe el ataque de un gorila. Todos estos hechos sangrientos sirven como preámbulo al gran número final que DeMille ya no mostró: la muerte de los cristianos ante las voraces fauces y garras de los leones.
Nerón atendido por su esclavo desnudo
         Por supuesto que la película causó estupor ante el público y ante los censores, cuya fuerza no estaba todavía tan definida ni era esencial su sello de aprobación para la exhibición de las películas. Nerón tenía a su lado a un esclavo claramente desnudo (que no mostraba sus genitales pero todo lo enfatizaba con su posición y movimientos). Popea jugaba con la leche que bañaba su cuerpo y en algunos breves segundos son notorios sus pechos desnudos. 
Mercia ante la seducción de Ancaria
         El canto de la cortesana incitaba a una seducción lésbica para mover sus instintos y provocar la entrega a Marcus. Stefan se desmayaba ante la tortura y su cuerpo semidesnudo aparecía con las marcas de los latigazos que enardecían la mirada de Tigellinus. Durante la emboscada a los cristianos y el ataque con flechas a las cuales eran sometidos, éstas atravesaban cuellos, pechos, alcanzando además a niños pequeños. Cuando la película fue reestrenada en los años cuarenta, había sufrido varios cortes además de tener una introducción explicatoria, aunque, por fortuna, la versión original se conservó en las bóvedas de la Paramount para su reconstrucción muchos años después al llegar los tiempos del vídeo.
Popea y su objeto del deseo: Marcus
         No obstante, todos estos excesos carnales se anulaban en el momento final de la redención. No se volvía a ver a Nerón ni a Popea. Marcus obtenía su fe al ver a su amada tan convencida de su religión. No importaba todo lo que se había mostrado porque la justificación consistía en subrayar la decadencia y amoralidad de la sociedad romana encabezada por su líder. Las acciones extremas de los personajes se debían a su baja calidad como seres humanos y al compararlos con la fe y temor, pero finalmente pureza y resignación, de las víctimas cristianas, se obtenía el perdón, la seguridad de que habría salvación (el sacrificio de Marcus era el mejor ejemplo) y las conciencias quedaban tranquilas sin importar que todo había sido vulgar, explotador de instintos básicos, superficial, pero muy efectivo.
El programa de lujo del estreno
         La película se exhibió como gran atracción especial en las grandes ciudades (a 2 dólares el boleto, algo inconcebible para los tiempos de mala economía) y fue exitosa pero más aún cuando se ofreció a precios populares. En este caso, la cinta, con duración de 110 minutos, se pasaba con intermedio, en dos partes definidas. Un programa de lujo se vendía en los vestíbulos de las salas de cine. DeMille seguiría filmando otros temas de estos tiempos antiguos (Cleopatra, Las cruzadas, Los diez mandamientos) siempre con espectacularidad y cumpliendo su axioma personal (“al público hay que darle lo que quiere”) porque le daba resultado. 
Una película con intermedio 
        El cine de DeMille es deliciosamente superficial. Todas sus propuestas se deben a un propósito y a los efectos especiales: no es tan importante Moisés como mostrar la partición del mar, ni las relaciones humanas de cirqueros como el incendio del mismo, o en este caso la persecución religiosa como el regodeo en las torturas y muertes salvajes. Y, con todo ello, el director fue un bastión de la industria: amo de la taquilla.
Cecil B. DeMille como él mismo
con Norma Desmond (Gloria Swanson)
en "El ocaso de una estrella"
         DeMille tiene un momento de gloria como actor, interpretándose a sí mismo. En El ocaso de una vida (Sunset Boulevard, 1950), el maestro Billy Wilder hace que la decadente y olvidada Norma Desmond (Gloria Swanson) visite los estudios de la Paramount (productora de esta cinta) creyendo que su gran director (de hecho, DeMille dirigió a Swanson en varias cintas) la anda buscando para su retorno. DeMille estaba filmando Sansón y Dalila (1949) y le rinde honores a su vieja estrella, aunque sean efímeros. Polémico y extravagante, pero audaz y emprendedor, DeMille es personaje que no puede pasar desapercibido aún si estuviera uno a favor o en su contra. 
La magnífica biografía de DeMille
          El biógrafo Scott Eyman publicó Empire of Dreams (Simon & Schuster, 2010), una documentada crónica de vida sobre un republicano que fue periódicamente infiel a su esposa, de la cual nunca se divorciaría, y estuvo a favor de McCarthy cuando la cacería de brujas en Hollywood. Un libro muy recomendable para los cinéfilos de hueso colorado. En 2006, la Universal (que maneja los derechos de las producciones de Paramount hasta 1948) editó una colección de DVD, con cinco de las películas de los años treinta de DeMille y de la cual hemos revisado este vídeo. No, no puedo pasar sin llamar la atención en algún momento.
Una de las joyas de mi videoteca

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