EL
BESO
(The
Kiss)
1929. Dir. Jacques Feyder.
La casada Irene Guarry (Greta Garbo) vive un casto romance con el abogado André (Conrad Nagel) quien le pide que se divorcie de su marido. Irene no acepta porque el carácter de su esposo Charles (Anders Randolf) es violento. Prefiere despedirse para siempre. Aunque ella es esposa amorosa y cuida de su marido, Charles contrata a un detective para que la siga, Así, se entera de que frecuenta al joven Pierre (Lew Ayres), quien cuida de sus mascotas como hobby, mientras retorna a la universidad. El muchacho se ha enamorado de Irene aunque ella no le ha dado mayor motivo que su amabilidad en el trato. Una noche, Pierre va a ver a Irene para despedirse porque al día siguiente dejará la ciudad. Bajo ese pretexto, solicita a la mujer que le dé un beso de despedida. Ella corresponde amistosamente, pero el joven forcejea deseando mayor pasión. Charles los descubre y comienza a atacar al joven. Al rato se escucha un disparo y Charles aparece muerto. Inicia un juicio donde el abogado que defenderá a Irene será su antiguo amor André.
Luego del advenimiento del sonido, la
MGM protegió a su máxima estrella Greta Garbo y no apresuró su debut en el cine
sonoro. Había reporteros que expresaban que tenía un tono desagradable de voz,
mientras que otros pensaban que ella no necesitaba hablar para seguir siendo
una gran personalidad de la pantalla. Entre 1927 y 1929, Greta Garbo apareció
en siete películas silentes, todas exitosas y todas manteniendo la personalidad
exótica y misteriosa del mito que tanto ella como la MGM habían construido
desde su llegada a Hollywood. En otra instancia, el sonido todavía imperfecto
tanto en su grabación como reproducción en las salas de cine, ya había cobrado
víctimas: algunas porque sus acentos y modulaciones les volvían
incomprensibles, otras porque no dominaban el idioma, y finalmente, quienes de
plano tenían voces horribles (como tan bien lo ilustra esa obra maestra llamada
Cantando bajo la lluvia, 1952). Cuando el público ya se alejaba de las cintas
sin sonido, Garbo fue todo un fenómeno de popularidad, símbolo del significado
del concepto “estrella de cine”.
El beso fue su última cinta silente antes de debutar al año siguiente con Anna Christie. Como puede leerse en la somera sinopsis mencionada arriba, se trata de un melodrama amoroso donde Garbo resulta ser una esposa virtuosa que no se atreve a serle infiel a su marido a pesar de expresar la pasión que siente hacia el hombre que la corteja y a la cual ella corresponde platónicamente. Desde la secuencia inicial, que ocurre en un museo de la ciudad de Lyon, en Francia, queda claro que ella está dispuesta a escapar con él y olvidar su pasado, pero el hombre no acepta vivir en la ilegalidad. El divorcio no será posible y, entonces, no queda más que terminar. Los personajes tienen escrúpulos morales que podrían ser frágiles, pero se mantienen incólumes. Es preferible el sacrificio. Irene vuelve a su vida normal y André parte hacia París a seguir con su carrera.
Luego se establece el carácter impulsivo y violento de Charles, su marido. Al llegar a casa, los sirvientes están compungidos. Charles ha acusado al mayordomo de robarle sus llaves. Irene toma las cosas con calma y le pide que le deje revisar sus bolsillos: ahí están las llaves. El hombre abre un cajón de su escritorio donde está un maletín aparte de una pistola. Charles ama a su esposa quien le corresponde con su equilibrio y sumisión, aunque tiene sus dudas derivadas de su temperamento: hay que seguirla para confirmar su fidelidad o su engaño. Irene va a visitar a sus mascotas que compiten en exhibiciones caninas y con las cuales le ayuda, temporalmente, el joven Pierre. Entre la belleza, la amistad, la amabilidad de trato, el muchacho confunde esas demostraciones con amor: así dará lugar a la confusión, a su pasión juvenil contra la inocencia de la mujer quien debe verlo como un jovencito nada más.
La MGM cultivó a Garbo en dos facetas:
como la mujer tentadora o como la mujer sujeta a la tentación. Ya fuera como
joven soltera de ideas avanzadas, queriendo igualar su libertad bajo los
parámetros del hombre (Mujeres siempre son mujeres, John S. Robertson) o
como esposa insatisfecha que cae en las manos de otro hombre (Orquídeas
salvajes, Sidney Franklin), que fueron filmadas el mismo año de 1929, ahora la
tenemos nuevamente como casada infeliz con su pareja que resulta ser el objeto
de pasión juvenil. Todas sus películas previas siguen estos parámetros con
variaciones. Lo que es un hecho es que Garbo era toda una personalidad. No hay
ángulo imperfecto. Sus poses y miradas son únicas. Su entrega amorosa o su rechazo
a la injusticia jamás la hacen ver ridícula.
Jacques Feyder (1885 – 1948) fue
otro de tantos directores europeos que la MGM importó de Europa cuando se vio
en la necesidad de filmar versiones en otros idiomas de sus mismas películas:
al no existir todavía el subtitulaje de textos ni el doblaje de voces, la única manera de
atacar a mercados foráneos era a través de las versiones distintas en francés, alemán
o español. Este modelo de realización lo siguieron los otros grandes estudios
(por eso conocemos la versión al español de Drácula, por ejemplo, con
Lupita Tovar). Y así como Feyder, hubo grandes talentos que crearon al
Hollywood genial, expresivo, narrativo, en sus años silentes: Murnau, Stiller,
Sjöstrom, Von Stroheim, DuPont, entre muchos. A Feyder le debemos, al menos,
dos obras maestras francesas: Amor en Marruecos (Le grand jeu, 1934) donde un
hombre obsesionado por una anterior amante hace que otra se haga pasar con ella
(como antecedente del hitchcockiano Vértigo), y, sobre todo, La
kermesse heroica (La Kermesse heroïque, 1935), que narra, en tono cómico,
cómo las mujeres de Flandes conquistan a sus invasores españoles por su femineidad,
que causó furor desde su estreno, siendo mencionada entre las películas
favoritas de los grandes críticos (serios y conocedores). [Aquí en Monterrey, a
finales de los años sesenta, la exhibió la Alianza Francesa, provocando el
regocijo de Roberto Escamilla y César González en el suplemento cultural de El Porvenir]. Feyder es otro de los grandes
cultivadores visuales y narrativos de los conflictos en las relaciones humanas,
ya fuera a través del sentido del humor o el melodrama más fuliginoso.
Acompañan a Garbo, el galán del cine silente Conrad Nagel (1897 – 1970), quien fuera otro exclusivo de la MGM, además del debutante Lew Ayres (1908 – 1996) quien ya había aparecido sin crédito en otras dos películas y aquí tuvo el honor de aparecer como el jovencito enamorado de Garbo, llamando la atención por su buen físico, aunque su mayor éxito sería al año siguiente en el cine sonoro con la oscareada Sin novedad en el frente (Milestone, 1930) filmada en los estudios Universal. La cinta se exhibió con una banda sonora pregrabada en disco que acompañaba durante la proyección. El fotógrafo fue William Daniels (1901 – 1970) quien sería el de cabecera para Garbo en su carrera. Y como siempre, una producción realizada con lujo y esmero.
La secuencia del beso









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