UNA NOVIA EN CADA PUERTO
(A Girl in Every Port)
1928. Dir. Howard Hawks.
El
marinero Spike (Victor McLaglen), grande y bruto, llega a cada puerto en busca
de antiguas novias o nuevos prospectos para pasar ratos agradables. No
obstante, en todas ellas encuentra la marca de otro marinero que usualmente se
adelanta en la conquista de esas mismas chicas. En Centroamérica puede por fin
topárselo: es Bill (Robert Armstrong) con el cual comienza una relación a
golpes que los lleva hasta la cárcel, a caer al mar, y que Bill salve a Spike
porque éste no sabe nadar. Nace una fuerte amistad. En Marsella, Spike asiste a
una feria donde conoce a Marie (Louise Brooks), una clavadista de gran altura,
que le roba el corazón. La mujer se aprovecha de la ingenuidad de Spike y le
hace creer que lo ama. Cuando Bill la conoce, se da cuenta de que es una
estafadora que trató en Nueva York.
Primero rivales y luego amigos: Robert Armstrong y Victor McLaglen
El
maestro Hawks, en su quinta película silente para la Fox, estableció sus
principales constantes temáticas: la rivalidad masculina que deviene en una
gran amistad; las acciones violentas regidas por el impulso y la brutalidad más
que por la inteligencia; la atmósfera viril que no admite mujeres hasta que se
compruebe que pueden integrarse a ella sin que sean una amenaza para su
estabilidad. Además, está el carácter episódico de sus tramas que van
construyendo la tensión y el objetivo: algo que será muy notorio en Sangre
en el río (The Big Sky, 1952) o en la deliciosa, pero elemental Hatari
(1962) o en la ligerísima El deporte predilecto del hombre (Man’s
Favorite Sport, 1964).
El maestro Hawks, en una entrevista, comentó que esta cinta fue su primera historia de amor entre dos hombres. Y aunque pudiera pensarse en una atracción homoerótica, en realidad, Hawks nunca llega a la insinuación oculta. Ni siquiera en la que se ha tomado como ejemplo de homosexualidad disfrazada (la conversación sobre pistolas entre John Ireland y Montgomery Clift en Río Rojo, 1948). En esta cinta puede notarse que la amistad surgida entre los dos hombres es de un afecto que excluye la atracción física. Hawks iguala el sentimentalismo de las acciones solidarias a la empatía entre dos hombres inequívocamente heterosexuales (lo mismo pasa en la obra maestra Río Bravo, 1959 con John Wayne expresando compasión y confianza por el alcoholizado Dean Martin, anteriormente pistolero temerario, al cual salva de que pierda su dignidad). Un intertítulo expresa una frase de Bill, al referirse a Spike: “ese gran buey me es más importante que cualquier mujer”, con la intención de golpear anímicamente a la mala mujer que quiere dañar a su amigo.
La
presencia de Louise Brooks fue importante en esta cinta, ya que motivó al
realizador alemán G.W. Pabst para contratarla y filmar con ella dos cintas que
ya son clásicas en la historia del cine universal, además de crear toda una
leyenda a su alrededor (La caja de Pandora, Diario de una chica
perdida, 1929, ambas filmadas en Alemania para la UFA). Hawks, por su
parte, comentó que la contrató porque era una actriz segura de sí misma, que proyectaba
una dulzura al mismo tiempo inocente que engañadora. Sin embargo, las estrellas
masculinas son inigualables: Victor McLaglen, cuyo tipo rudo producía cierto
sentido de ingenuidad mezclada con carnalidad, aparte de Robert Armstrong, quien
se haría famoso como el productor obsesionado en King Kong (1933), contrastante
con McLaglen por su cuerpo menudo, aunque bien formado. Otras presencias, más
episódicas, son las de Myrna Loy, quien sería lanzada al estrellato en la MGM
de los años treinta, además de la española María Alba, aquí bajo el nombre de
María Casajuana, que saldría en las versiones hispanas de las primitivas cintas
sonoras, y ya mayor, en el cine mexicano en El hijo de nadie y La
morena de mi copla.
A pesar de no ser una
copia restaurada, que carece de nitidez, este DVD de Grapevine Video, ofrece al
menos la alternativa de conocer un clásico de un gran director, en su versión
completa de 78 minutos. Como curiosidad adicional, viene un corto (Stork Mad,
Dir. Al Christie, 1926) con el olvidado cómico Bobby Ray. Howard Hawks filmaría
cuatro cintas más para la Fox, todas silentes, hasta que en 1930 pasaría a la
Warner Bros. para crear su primera película sonora (El escuadrón de la
muerte) para dar comienzo a lo que será una carrera ejemplar, congruente, siempre
correcta moralmente, además de asegurar un entretenimiento inteligente,
sensible, para divertir y hacer reflexionar al espectador (aún en sus cintas
consideradas menores – que no lo son –).
https://www.youtube.com/watch?v=r7qBjs6efFI








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