martes, 4 de mayo de 2021

OTRO AMOR (1952) - Vincent Sherman

OTRO AMOR
(Affair in Trinidad)
1952. Dir. Vincent Sherman.

         Narra el director Vincent Sherman (1906 – 2006) en su libro de memorias (Studio Affairs. My Life as a Film Director, The University Press of Kentucky, 1996) que quería haber dirigido De aquí a la eternidad (Fred Zinnemann, 1953) y que cuando habló con Harry Cohn, jefe de la Columbia Pictures, que tenía los derechos de la novela, éste le comentó que no contaba aún con el apoyo de la armada norteamericana por lo que su filmación todavía tardaría un tiempo. A cambio, le ofreció dirigir el retorno de Rita Hayworth a la pantalla. Luego de tres años, ya disuelto su matrimonio con Aly Khan, la estrella había vuelto a su estudio exclusivo, devengando un salario mensual que no estaba justificando. Cohn le entregó un argumento de veinte páginas que le gustó y aceptó el encargo. La cinta reuniría a Rita con Glenn Ford, su galán en la taquillera y ya icónica Gilda (Charles Vidor, 1946) de la cual se repetirían algunos elementos en esta nueva película. El guion pasó por varias etapas de escritura. Sherman abiertamente confiesa que robó la idea central de Tuyo es mi corazón (Alfred Hitchcock, 1946) donde Ingrid Bergman llegaba a casarse con un espía nazi para conseguir unos turbios planes. Así, se llegó a una trama que ocurriría en el caribe, específicamente en Puerto España, capital de Trinidad y Tobago, en ese tiempo dependiente de la corona británica.

         Al encontrarse el cuerpo de Neal, un pintor, y despejar la sospecha de un suicidio, su esposa, la bailarina y cantante Chris (Rita Hayworth) es obligada por la policía de Puerto España a intimar con el millonario Max (Alexander Scourby), del cual se piensa que tiene nexos con el gobierno soviético (sin mencionarlo directamente) y fue el posible culpable de la muerte de Neal. Intempestivamente llega Steve (Glenn Ford) a la isla, sin tener conocimiento de la muerte de su hermano, quien le había escrito ofreciéndole un empleo. Aunque al principio desprecia a Chris, pronto se siente prendado de ella. La mujer no puede contarle sobre su misión de investigar a Max, por lo que Steve sospecha de ella. En una fiesta que ofrece el millonario, Chris es descubierta y da lugar a un enfrentamiento final. Chris y Steve retornan a Estados Unidos para iniciar una nueva vida.

         Igual que en Gilda, Rita Hayworth canta dos números donde puede mostrar su rostro bajo la abundante melena pelirroja, demostrando su habilidad para el baile y el magnetismo de su atractivo sexual. El realizador Sherman, en el mismo libro, comenta que antes de iniciar la filmación, Rita tuvo que someterse a una rutina de ejercicios para reafirmar su bello cuerpo que se encontraba algo descuidado ante la falta de una disciplina constante: el resultado bien puede notarse sin problema en la película. También están los momentos en que Glenn Ford la maltrata y vuelve a ocurrir una cachetada al asegurarse, erróneamente, de la infidelidad de la mujer. En cuanto a Tuyo es mi corazón, Rita se infiltraba en la casa del villano, para descubrir una conspiración donde se planeaba establecer bases nucleares en Jamaica, para apuntar a las ciudades principales de los Estados Unidos (en este asunto, la cinta resulta profética para lo que luego ocurriría en Cuba en los años sesenta). La diferencia es que no habría una consumación sexual, como la que Ingrid Bergman tenía que cumplir, al casarse con su personaje sospechoso.

         El reparto es delicioso. El villano principal, Max Fabian (mismo nombre del personaje que en La malvada, o sea, All About Eve, hacía Gregory Ratoff, como productor de Broadway) es interpretado por Alexander Scourby, quien tenía los rasgos físicos adecuados para mostrar astucia y maldad. Juanita Moore, quien sería la contraparte de Lana Turner en Imitación de la vida y la madre de Martha Rangel en la segunda versión de Angelitos negros, interpreta a la sirvienta sabia y omnisciente que sabe todo sobre su ama Hayworth. Valerie Bettis, como esposa de uno de los espías, fue también la coreógrafa de los números que interpreta Rita. Y están los actores alemanes, especialistas en turbios papeles como agentes extranjeros, Karel Stepanek y George Voskovec.

Alexander Scourby, Rita Hayworth y Glenn Ford: la cachetada

Juanita Moore como la sirvienta omnisciente

         Dentro de esta relectura de ambas películas, estamos ante la efectiva dirección de Vincent Sherman quien sabía mover a sus actores y alcanzar, siempre con economía y cuidado, un producto muy bien hecho. Artesano eficaz, quien moriría un mes antes de cumplir su centenario, cuya carrera comenzó como actor esporádico, tanto en teatro como cine, hasta que tuvo la oportunidad de iniciarse como director en la Warner Bros. (El retorno del Dr. X, 1939) y destacarse en los melodramas dirigidos a público femenino, interpretado por grandes estrellas: Bette Davis, Ida Lupino, Ann Sheridan o Joan Crawford. En sus memorias mencionadas es indiscreto, al confesar que tuvo amoríos con algunas de ellas, incluida Rita Hayworth. Otro amor no es una de sus cintas distinguidas ni más originales, pero posee pasión. Es de las últimas cintas donde Hayworth aparece como símbolo sexual (a los 35 años ya iba perdiendo la lozanía para entrar en su etapa de madurez). La cinta deja algunos asuntos sin explicar: ¿por qué fue asesinado Neal?, ¿habría descubierto los planes de Max?, ¿o por qué la carta que Neal escribió el mismo día de su muerte tenía el membrete de Max? Y sin embargo, al final de cuentas, nada de eso importa ante el esplendor del Hollywood de antaño.

El director Vincent Sherman durante la filmación


Otro amor está dentro de esta colección en Blu ray



 

        

 

        

 

domingo, 4 de abril de 2021

EL DESTINO DE LOS OTROS

 

UN CARNET DE BAILE
(Un carnet du bal)
1937. Julien Duvivier.

         La joven viuda Christine (Marie Bell), mientras se deshace de objetos y ropa de su difunto marido, encuentra el carnet que utilizó en su primer baile a los 16 años. Recuerda la fiesta con sus valses y los vestidos blancos. Fue hace veinte años, cuando conoció a quien sería su marido. Al releer los nombres de quienes fueron sus parejas esa noche, y debido a su pena, surge el anhelo de saber qué ocurrió con sus vidas por lo que decide emprender un viaje de búsqueda, de confrontación con el pasado. Así, irá localizando a aquellos hombres y conocer lo que les concedió el destino en los veinte años que han transcurrido desde entonces. El primer nombre, el de Georges Audié, viene a ser también una gran tristeza. La recibe su madre Marguerite (Françoise Rosay) quien le informa que pronto volverá. Durante su conversación, Christine se da cuenta de que ha enloquecido porque la misma noche del baile, decepcionado por su rechazo, Georges se suicidó. 

Françoise Rosay


Louis Jouvet

         En sus siguientes búsquedas, Christine reencontrará a Pierre (Louis Jouvet) quien es dueño de un cabaret pero también ladrón; Alain (Harry Baur) es un sacerdote dedicado a los niños humildes; Francois (Raimu) es el alcalde de un pueblo que está a punto de contraer matrimonio con una fiel sirvienta; Eric (Pierre-Richard Willm) es ahora guía e instructor de esquiaje sobre nieve, soltero entregado a su profesión; Thierry (Pierre Blanchar) es un médico en desgracia, epiléptico, dedicado a la práctica de abortos, casado con una mujer que lo ama pero que le destruye emocionalmente; luego aparece Fabien (Fernandel), ahora peluquero de prestigio, casado, con hijos, quien la lleva al lugar donde fue el primer baile pero donde ahora las cosas son diferentes. En su última búsqueda, se encuentra con Jacques Dumbreval (Robert Lynen),  joven adolescente, hijo de quien fuera su pareja de baile que lo ha dejado solo y en la miseria. Christine, como acto purificador, decide llevarlo consigo y adoptarlo. La viuda se da cuenta de que solamente se ha encontrado con la miseria y la tristeza por lo que revalora el rumbo que tomó su propia existencia.

 Harry Baur


Raimu

         La locura de la madre de Georges se conecta con la decepción del alcalde cuyo hijo adoptivo resultó ser un pillo sin escrúpulos o con el sacerdote devoto de una vida monacal por decepciones en su vida civil; con el cinismo del ladrón acostumbrado a la mala vida y a los actos delictuosos; con el instructor de esquí, sin carácter, cohibido ante la presencia de la bella viuda; con el médico enfermo y moralmente muerto, protegido por el desprecio de su esposa; con el peluquero que la devuelve a la realidad porque al llevarla al lugar del primer baile, le hace tomar conciencia de los engaños de la memoria: lo que ella había recordado inicialmente como gran salón donde volaban los vestidos vaporosos, en realidad es un espacio común, ya venido a menos, donde la etiqueta es lo menos que se respeta. La cinta viene a ser una valoración de la vida tal como sucede. A la aceptación del destino personal. Christine, decepcionada por su viudez, tal vez por algún problema sentimental con quien fuera su marido, intenta, aunque sea con el paso del tiempo, pretextos para la autocompasión, para justificar lo que quizás pensó como infelicidad, ahora complementada por la soledad. Qué hubiera sucedido si alguno de esos hombres rechazados habría sido su marido.

 Pierre-Richard Willm


 Pierre Blanchar

         Duvivier, junto con los otros grandes del cine francés de los años treinta (Renoir, Feyder, Clair, Carné, L´Herbier), fue el impulsor del realismo poético: un cine pleno de lirismo interno, aunque directo en la presentación de los hechos. Esta cinta episódica (basada en una novela de Giraudoux) daría lugar más adelante a dos de sus producciones en Hollywood (Seis destinos, 1942, para la Universal, Carne y fantasía, 1943, para la Fox) donde se conjuntaban varias historias en una sola película, con repartos multiestelares. En este caso, Duvivier reunió a los más grandes actores del cine francés: Louis Jouvet, una leyenda de la escena que alcanzó grandes triunfos en el cine, o Raimu y Harry Baur, veteranos comediantes que ofrecieron cátedras de actuación, o quien sería un cómico emblemático como Fernandel.

 Fernandel


El maestro Julien Duvivier

         Julien Duvivier (1896 – 1967) había comenzado en el cine silente alcanzando grandes éxitos. Su primera cinta sonora, David Golder (1930), retrato de un empresario sin escrúpulos cuya esposa le hace ver su suerte al dilapidar su fortuna, basada en una novela de Irène Némirovsky, tuvo tanto éxito que le permitió continuar con una carrera plena de prestigios. En 1937 también filmó Pépé le Moko cuya taquilla internacional le llevó hasta Hollywood donde permanecería durante la guerra. Al retornar, con su prestigio dañado por la ausencia, alcanzó otro éxito con Panique (1946) que le devolvería al gran público y continuaría así hasta el fin de su vida: en 1967 fallecería a consecuencia de un choque automovilístico, cuando todavía estaba vigente. Su última cinta Satánicamente tuya (1967) con Alain Delon, exhibida con retraso en México, demostraría su valor hasta el final. Como ha sucedido en otros países, la revaloración crítica por el paso del tiempo, ha concedido a Duvivier su verdadero lugar.



sábado, 13 de febrero de 2021

ENSÉÑAME A VIVIR (1971) - Hal Ashby

 

ENSÉÑAME A VIVIR

(Harold and Maude)

1971. Dir. Hal Ashby.

         Harold es un joven de veinte años, muy rico, obsesionado con la muerte. Por eso finge suicidarse frente a su madre, y a tres prospectos de novia, porque esas fantasías al menos le daban una razón, paradójicamente, para vivir. Maude, que en realidad se llama Marjorie, está a punto de cumplir ochenta años. Conoce a Harold cuando ambos coinciden en funerales de desconocidos, una costumbre que realizan en sus vidas por diversos motivos: Harold puede alimentar su morbosidad ante la muerte. Ruth puede asegurar que otros ya pasaron a mejor vida y ella sigue viva. La unión de estas dos personalidades servirá para que cada uno alcance un equilibrio en sus existencias, aunque de manera muy opuesta.

         La, ahora cincuentenaria, cinta no tuvo gran impacto cuando se estrenó a finales de 1971 en Estados Unidos (a México llegaría hasta 1974 y aquí en Monterrey se exhibiría en el Cine Juárez por una semana para luego desaparecer), pero a lo largo de los años fue adquiriendo la cualidad de “película de culto”. Una adaptación teatral se estrenó en Broadway en 1980 con Janet Gaynor y Keith McDermott, pero no tuvo más que cuatro funciones. La película se realizó y estrenó en los tiempos post-jipis. Ahora estaba de moda el desencanto existencial (claro en Harold) pero no era tomada en cuenta la vitalidad de una anciana cuyas actitudes pertenecían precisamente a esa juventud de paz y amor, del desnudo, de las actitudes rebeldes. El cambio en esos años radical en un lapso pequeño.

         Y ahora, en este siglo XXI, cuando estamos sumidos en la desesperanza y la actitud negativa, cuando el mejor equivalente anímico es el cine de Antonioni, Enséñame a vivir se torna agua fresca. Dentro de la realidad actual debida a los adelantos electrónicos, la individualidad rampante, las conferencias a distancia, el trato humano y la interacción entre personas para encontrarle sentido a la vida. Harold llega a los excesos para demostrarle a sus seres cercanos que, al menos, está vivo y que, en cualquier momento, podría morir. En el caso de Maude, se tiene a una mujer que debe sacarle jugo a cada día de su vida porque el final podrá estar cerca. Sin jamás mencionarlo, una imagen muestra la huella de una marca de campo de concentración en el antebrazo de la anciana, algo que impacta a Harold sin que se expresen palabras. La mujer le insiste en que cada día hay que aprender algo nuevo y lo vuelve cómplice de sus aventuras.

         Dentro de estas aventuras hay una secuencia deliciosamente cómica donde Maude reta a un motociclista que la persigue. La anciana acostumbra a robar automóviles (“tomar prestados” expresa) y manejarlos sin la mayor prudencia ni pericia. El ritmo que se le imparte a esta secuencia vale por toda la película sin que su totalidad desmerezca un minuto. El convencional título en español toma sentido porque ese grito de ayuda, no solicitada, surgida de manera accidental, que Harold lanza en sordina, resulta en verdaderas lecciones de vida.

         La cinta fue un guion original de Colin Higgins (1941 – 1988) quien nos daría otras joyas como guionista (El expreso de Chicago, 1977) y como director (Juego sucio, 1978; Cómo eliminar a su jefe, 1980). Su prematura muerte por el maldito SIDA nos despojó de un gran autor-cineasta en ciernes. Su legado es poco pero sustantivo. El director Hal Ashby (1929 – 1988) fue primero editor de importancia (Sociedad para el crimen o Al calor de la noche) y luego pasó a la dirección para ofrecer cintas notables (Regreso sin gloria o Un jardinero con suerte). La excelente Ruth Gordon (1896 – 1985) es más recordada por El bebé de Rosemary (1968) por la cual ganó el Óscar como actriz secundaria, aunque su carrera fue muy distinguida desde joven en teatro, cine, televisión. Y el entonces joven Bud Cort (1948) surgió del teatro de comedia para luego participar en cintas de Altman, Micklin Silver o Hooper, entre muchos otros.

El guionista Colin Higgins


El director Hal Ashby con Ruth Gordon




jueves, 21 de enero de 2021

LA BROMA (1968) - Jaromil Jireš.

 

LA BROMA

(Zert)

1968. Dir. Jaromil Jireš.

         Ludvík (Josef Somr), un tecnólogo distinguido, recibe la visita de la reportera Helena y se entera que es la esposa de un antiguo condiscípulo suyo. Esto hace que se remueva el interior del hombre quien recuerda que quince años atrás, debido a una broma que le gastó a una muchacha que por entonces cortejaba, sufrió el escarnio público, su expulsión del partido y de la propia universidad. Empieza a planear su venganza.

El extraordinario Josef Somr

         Ludvík recuerda que en 1949 tenía una novia, Marketa, entregada al convencimiento general de que el nuevo régimen, posterior a la guerra, era lo mejor que podía haberle sucedido a la humanidad. Cuando ella partió hacia un campamento propagandístico que la entusiasmó, Ludvík le envió una postal donde le expresaba, con ironía y como broma: El optimismo es el opio de la humanidad, el espíritu alegre pertenece a la estupidez. ¡Viva Trotsky! que la solemne y plana muchacha entregó al comité estudiantil de la universidad que lo llevó al juicio público y a una votación unánime, de quienes eran sus amigos, para una condena social. Ludvík, entonces, tuvo que pasar seis años en el ejército como una forma de “reeducación”, donde vivió las experiencias de situaciones crueles. Luego de ese tiempo no se narra cómo fue readmitido en la comunidad, pero alcanzó un buen estatus técnico.

         Luego de la entrevista con Helena, Ludvík retorna a su pueblo donde buscará llevar a cabo su venganza: tener relaciones sexuales con la esposa de quien era su amigo, pero se tornó en verdugo al dirigir el juicio de su expulsión social. De esta manera alcanzaría su venganza al echarle en cara al tipo la infidelidad de su esposa. Sin embargo, su plan no rendirá el fruto esperado (la mujer ha vivido separada de su marido y busca el divorcio), sino que caerá en la frustración y en la conciencia de que el rencor solamente destruye al alma.

         Basada en la primera novela de Milán Kundera, publicada en 1967 con grandísimo éxito, para luego ser prohibida, el realizador hizo una adaptación, junto con el autor y con el dramaturgo Zdenek Bláha, tomando la anécdota básica y dejando de lado la profundización de otros personajes. Lo más importante era rescatar la imagen de un régimen totalitario que no respetaba el disentimiento ni la libertad de opinión individual. Todo debía encaminarse por una colectividad que tenía que estar convencida de las bondades del estalinismo. El desencanto general fue aprehendido magistralmente por Kundera en su novela y requería de algún realizador perteneciente a la nueva generación de cineastas que también correspondían con su expresión a dicho sentimiento.

         Jireš ofrece una innovadora narración en esta película. Por medio de montaje alterno de situaciones que ocurren en tiempos distintos, se va contando la historia de Ludvík quien se convierte en observador desde su presente, en el recuerdo, de lo que el espectador puede ver en imágenes que ocurren en el pasado. Ludvík se dará cuenta de que esta broma será fundamental para su vida. Vivirá con el rencor y finalmente lo desahogará en la golpiza hacia un ser inocente. Por un lado, es importante buscar la manera de salirte de un esquema que vuelve prisionero. Por otro, tal vez la lucha tenga que ser de manera sutil. Ludvík tendrá que refugiarse entre quienes, como él, vivieron en el disentimiento y alcanzaron una libertad muy personal. En una secuencia, uno de los compañeros militares de Ludvík pinta imágenes de voluptuosas mujeres desnudas que describe vulgarmente a sus amigos. Cuando el alto mando le exige que explique ese cuadro aparentemente impropio, ofrece una conceptualización acorde con la filosofía imperante, por lo que no cae en castigo: cuestión de enfoques.

El director Jaromil Jireš (1935 - 2001)


Se puede ver en YouTube, aunque con subtítulos en inglés.
https://www.youtube.com/watch?v=42bbY6vy1so&t=1854s


martes, 20 de octubre de 2020

DOS MONJES (1934) - Juan Bustillo Oro

 

DOS MONJES: EXPERIMENTO EN EQUIPO

 Una película de Juan Bustillo Oro (1934)

 

         Los primeros años del cine sonoro mexicano fueron de experimentación y arrojo por parte de los realizadores primigenios. Se puede afirmar que no había copia sistemática de modelos norteamericanos ni europeos, como ocurrió, en algunos casos, durante la etapa silente, desconocida visualmente, pero documentada en sus realizaciones, temas y argumentos. A partir de Santa (Antonio Moreno, 1931), que era un melodrama surgido de una novela mexicana, las siguientes películas lindaron con temas nacionales (Revolución, el compadre Mendoza, La calandria) o adaptados a nuestra realidad (Pecados de amor, Corazones en derrota). Sin embargo, hubo quienes quisieron experimentar con su discurso cinematográfico como sucedió con La mujer del puerto (Arcady Boytler, 1933) con su naturalismo agreste ante la frialdad de los hombres en el ambiente fuliginoso de la prostitución portuaria, además de jugar con las ironías del destino ante una tragicomedia incestuosa. O puede citarse a El fantasma del convento (Fernando de Fuentes, 1934), incursión en el cine de horror sugerido, por lo tanto más logrado, que las leyendas ya conocidas e ilustradas como La llorona (Ramón Peón, 1933). Dos monjes se concibió bajo el deseo de su realizador quien, sin pensar en el gran público, quiso efectuar un experimento artístico, acercamiento nacional a formas de expresión ajenas a los convencionalismos, deseando explicar las pasiones humanas y transmitirlas al espectador.

 El maestro Juan Bustillo Oro

         Juan Bustillo Oro (1904 – 1988) se había iniciado dentro del cine silente con una película menor que no tuvo gran éxito (Yo soy tu padre, 1927). Intelectual, inquieto, universitario, apoyador del vasconcelismo, había conformado el significativo grupo Teatro de Ahora junto con el escritor y dramaturgo Mauricio Magdaleno que solamente tuvo una temporada en 1932. En los años siguientes colaboró con Fernando de Fuentes en guion (El compadre Mendoza, 1933) y argumento (El fantasma del convento, 1934), dos cintas importantes e innovadoras del cine mexicano, antes de emprender su primera incursión dentro del cine sonoro con Dos monjes. En su valiosa autobiografía (Vida cinematográfica, Cineteca Nacional, 1984) narra cómo fue el azar del destino que le permitió introducirse al medio del cine. Un par de jóvenes productores le pidieron que se hiciera cargo de una película que iba a iniciar su rodaje y ya tenía elenco, aparte del presupuesto asignado. Le confesaron que la iba a realizar Chano Urueta (1904 – 1979) quien finalmente había provocado un enojo de sus mecenas quedando fuera de la producción. El texto era de José Manuel Cordero, en su único trabajo para el cine nacional, y narraba la historia del amor que dos amigos manifestaban hacia una mujer, causando así su rivalidad. Bustillo Oro se dio cuenta de que apenas alcanzaba para unos veinte o treinta minutos de proyección y se le ocurrió narrar el mismo asunto, pero desde el punto de vista de cada uno de los amigos. Afortunadamente, tanto a productores como argumentista, les pareció una buena propuesta y así pudo iniciar el rodaje.

 Los planos inclinados, los ángulos oblicuos...

Sinopsis: [La acción sucede en el siglo XIX e inicia en un monasterio al cual ha llegado Juan (Víctor Urruchúa), procedente de una orden que se ha disuelto. Ahí se encuentra Javier (Carlos Villatoro) del cual se dice que le ha poseído el demonio porque llora infinitamente. El padre prior (M. Beltrán de Heredia) le pide que lo asista, pero al encontrarse, Javier agrede a Juan. El prior, entonces, le pide a Javier que le cuente su historia: Javier era compositor, conoció a Anita (Magda Haller), su vecina, cuando fue lanzada de la casa familiar al negarse a aceptar los avances de un pretendiente. Javier y su madre (Emma Roldán) le protegen. Javier se enamora y ella acepta, a pesar de que Javier es un hombre enfermo. Entonces llega Juan, viejo y querido amigo de Javier, quien andaba de viaje desde hacía dos años. Más tarde, Javier lo encuentra junto con Anita. Iracundo, le dispara pero Anita se atraviesa y la bala la hiere y mata. Juan escapa. Así termina su historia. Luego, el prior habla con Juan, quien le confirma la historia, pero con una salvedad: él conocía y amaba a Anita desde antes que Javier y ella le había prometido esperarlo, sin pensar lo que sucedería con su familia, ni por el amor que se despertaría en su amigo. Luego de la muerte de Anita había escapado para purgar su pecado. Ahora, en el reencuentro, debe sufrir el desprecio de Javier, pero éste muere, luego de enloquecer, y a Juan le toca cerrar sus ojos].

Carlos Villatoro y Víctor Urruchúa

         La admiración de Bustillo Oro hacia los maestros del expresionismo alemán le hicieron rendir un tributo. Así, gracias a un equipo de colaboradores que compartieron su entusiasmo y audacia, pudo construirse una escenografía, además de planear una fotografía, que exaltaba los planos inclinados, las tomas oblicuas, los muebles deformes, aparte de objetos diseñados en forma grotesca, como crucifijos, máscaras, órgano musical. En su afán simbólico, en cada una de las narraciones del mismo hecho, quien lo contara traería un vestuario color blanco mientras que el rival portaría el negro. Los integrantes de su equipo también se tornarían en seres importantes del universo fílmico mexicano. El diseñador y escenógrafo Carlos Toussaint (1901 – 1975) seguiría en dicho ramo a lo largo de los años, luego secretario del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC) hasta su debut como co-realizador en Mi Lupe y mi caballo (1942 con la efímera Duquesa Olga) y ya en solitario hasta 1949 con De tequila, su mezcal. Toussaint tendría una carrera corta en la dirección pero le debemos obras de interés como Y Dios la llamó Tierra (1960), Los falsos héroes (1961) o El beso de ultratumba (1962). Una de las últimas secuencias de Dos monjes muestra el proceso de locura de Javier. Por cámara subjetiva, ve a los monjes acercándose hacia él con crucifijos en mano pero con rostros monstruosos, demoníacos. Estas máscaras deformes, producto de la imaginación de Toussaint, sirven para subrayar el afán expresionista de la trama, además de anticipar, indirectamente, por medio de un Cristo con rostro desarticulado, crucificado, al que en su delirio imagina Andara en Nazarín (Luis Buñuel, 1959).

 Carlos Toussaint, escenógrafo y director


Otro debutante fue el cinefotógrafo Agustín Jiménez (1901 – 1974) quien ya tenía fama en el cine por sus fotofijas, además de haber sido colaborador de publicaciones diversas, aparte de ganar premios nacionales. Esta fue su primera incursión en la fotografía de cine y, según el propio Bustillo Oro, dispuesto a la experimentación y a arriesgarse. La cinta presenta secuencias insólitas para un cine que apenas despertaba al sonido e iba perfeccionándose con cada película que se filmaba. En Dos monjes se utilizó una grúa fabricada, de poca precisión. Jiménez estuvo dispuesto a subirse en ella a pesar de las condiciones inestables. Así, podemos ver movimientos irregulares de cámara, que se va alineando, mientras va retrocediendo hacia las alturas y luego retorna en otra secuencia, en sentido opuesto, que dura más de un minuto y que muestra al personaje de Javier tocando el piano, mientras la cámara continúa su recorrido hacia adelante, a un ventanal, para luego traspasarlo y posarse en el rostro de la protagonista femenina. Se notan los ajustes de cámara mientras hay movimiento, dando idea de la fragilidad de esa grúa, pero la brillantez de la imagen y el efecto final son avasalladores. En otro momento, la cámara está fija en la pareja de Javier y Anita, abrazados, hasta que se va lateralmente hacia un fondo oscuro. De pronto, detrás de la pareja, a la izquierda, aparece Juan como personaje amenazante que surge repentino, seductor, como trampa del destino. Jiménez continuaría con una larga carrera dentro del cine mexicano: sería el fotógrafo de Barrio de pasiones (Fernández Bustamante, 1947), El bruto (Luis Buñuel, 1952), La cobarde (Julio Bracho, 1952), Ensayo de un crimen (Luis Buñuel, 1955), entre más de 180 títulos. Volvería a colaborar en muchas ocasiones con Bustillo Oro, pero también fue el fotógrafo de La mancha de sangre (Best Maugard, 1937), cinta que enfrentó a la censura al presentar desnudos femeninos, uno de los temas que Jiménez en su calidad previa como fotógrafo, cultivó en diversos momentos de su carrera (en 1932 formó parte de la revista Molino Verde que reseñaba los espectáculos de este pequeño teatro capitalino donde aparecían tiples y vicetiples enseñando el pubis).

 Agustín Jiménez, fotógrafo excelso


 Las máscaras expresionistas

Dos monjes es un ejemplo múltiple del cine mexicano sonoro y pionero, el de los maravillosos años treinta: A) muestra el talento narrativo e imaginativo de un nuevo realizador que daría muchas obras maestras, diversas, populares, en el cine nacional. Su autobiografía lo presenta como un hombre honesto, responsable, al cual le importaba mucho el gusto del público pero lo respetaba cuidando lenguaje y moral. Su cine, verboso pero ingenioso, emula a las comedias muy bien construidas del siglo XIX, adaptadas a la sensibilidad de sus tiempos. La mejor prueba es que, con el paso del tiempo, siguen siendo divertidas, fluidas e interesantes. B) El trabajo en equipo de un grupo de personas que, desde sus labores distintas, se dedicaron a construir las bases de lo que sería una industria de excelencia pero que, hasta estos tiempos posmodernos, de mezcla, rescate, confusión, ha ido adquiriendo el verdadero valor que tenía y que se merece resaltar. C) Las presencias magnéticas, pero efímeras, de una época. Estrellas de cine que brillaron con luz propia pero que el tiempo y el desarrollo fueron apagando: la actriz de teatro Magda Haller seguiría en ese medio, poco cine y mucha televisión. Víctor Urruchúa, muy atractivo, se refugiaría en la dirección de cine y en el doblaje: más adelante en la televisión pero dentro de la producción. Carlos Villatoro ocuparía puestos diversos dentro de la industria de cine pero ya alejado de participar al frente de la cámara como lo había hecho desde los años veinte. D) Sobre todo, el gran interés del descubrimiento de formas y estilos, de experimentación con prueba y error, del establecimiento de los temas que serían fundamentales para la definición de los géneros que conformaron al desarrollo de la industria. Bustillo Oro narra con nostalgia la manera en que se realizaban los estrenos de las grandes producciones, el temor hacia los críticos, el deseo del éxito de taquilla para la recuperación de los productores y que continuaran financiando películas, las rivalidades debidas a lo que filmaba cada uno de los pioneros, los problemas de temperamentos y vanidades que iban provocando el rechazo hacia ciertos actores y actrices. Era el inicio de los sueños...

Magda Haller y Víctor Urruchúa

NOTA APARTE: Dos monjes acaba de salir a la venta en Estados Unidos en versiones de DVD y Blu-ray, dentro de una caja (ya la tercera de una serie) que contiene otros títulos, y cuyo objetivo es la continuidad de una labor ejercida por Martin Scorsese y The Film Foundation World Cinema Project al recuperar y proteger películas que se consideran obras maestras olvidadas (abandonadas, dejadas por descuido) de todo el mundo. Cada caja trae seis películas. Anteriormente, se había rescatado Redes (Zinnemann y Gómez Muriel, 1934). Esta misma copia restaurada de Dos monjes puede verse en YouTube en la siguiente dirección: 

https://www.youtube.com/watch?v=UR1xkIKqHpg&t=798s,

aunque siempre será mejor tenerla consigo, como preciada posesión de coleccionista, como libro visual que se toma y disfruta con mayor comodidad...

 


 

sábado, 10 de octubre de 2020

TODO EL MUNDO GANA (1990) - Karel Reisz

 

TODO EL MUNDO GANA

(Everybody Wins)

1990. Dir. Karel Reisz.

 

         Tom (Nick Nolte), investigador privado, recibe el llamado de Ángela (Debra Winger) quien solicita su ayuda para esclarecer el caso de un joven acusado injustamente de homicidio. Todo da a entender que el muchacho, sobrino de la víctima (un médico prestigioso en el pueblo), fue el chivo expiatorio de la policía y del fiscal del estado, para evitar que se revelaran asuntos turbios de la comunidad. Tom inicia una relación íntima con Ángela quien va ofreciendo informes y revelando hechos que convencen al investigador de la inocencia del acusado. Su amistad con un juez así como evidencias que encuentra, logran que el joven sea finalmente absuelto: todo el mundo gana a costa de la corrupción. Un tema muy de moda, sobre todo en nuestro país, da lugar a una cinta que se inserta dentro del moderno film noir donde lo que más importa son las palabras, las confesiones, las actitudes, los hechos, que la acción: el asesinato no se muestra más que con fotos de la víctima ensangrentada. Es una cinta de intriga que va abriéndose paulatinamente, interesada en el dimensionamiento de sus personajes, motivaciones y reacciones: causas y efectos.

         La cinta habla de cómo la corrupción, mínima o extrema, nos toca o nos contamina: el investigador vive con su hermana Connie (Judith Ivey) quien es maestra. Mientras ella califica exámenes, Tom descubre que le ha dado buena calificación a un alumno que ni siquiera tiene buena ortografía. Ella le responde que no puede reprobarlo ya que es el capitán del equipo de natación y eso sería un escándalo. En otro momento, se entera de que Ángela fue amante del fiscal del estado, Charlie (Frank Converse), quien casi abandonó a su esposa por ella, y de que este pilar de la justicia tenía nexos turbios relacionados con la droga distribuida por la víctima, un médico de aparente moralidad y rectitud, entre la sociedad del lugar.

         Por otro lado, tenemos como elemento motriz al sentimiento religioso (católico) y la culpa que mueve a Ángela, para pedirle a Tom que le apoye en resolver el caso, se deberán a que fue elemento accesorio para el homicidio, además de padecer de momentos bipolares y tener un pasado como prostituta. Paralelamente, el verdadero asesino, del cual conocemos su identidad desde principios de la trama, está construyendo su propia iglesia, que tiene como dios particular a un general de la Guerra Civil Norteamericana, cuyo sentido del honor le hizo entregarse a la policía con todo su cuerpo ensangrentado, pero quien fuera rechazado por sus nexos con la droga y las autoridades corruptas. En el caso de Ángela, el sentimiento de culpa termina con la libertad final de la víctima equivocada; el asesino tendrá que ofrendar su vida.

 

         Sobre una obra corta, que había estrenado en 1982, con los dos personajes solamente, su autor, el dramaturgo Arthur Miller escribió su segundo guion cinematográfico [en 1961 participó como guionista de Los inadaptados (The Misfits, John Huston); en 1996 escribiría la adaptación fílmica de Las brujas de Salem (The Crucible, Nicholas Hytner) sobre su propia obra teatral). Se nota su procedencia dramática y es más notorio el uso de un lenguaje elaborado y diálogos muy bien estructurados. La química entre Nick Nolte (ya con 48 años encima al momento de filmar) y Debra Winger es perfecta. La cinta no se excede en mostrar escenas sexuales pero la sensualidad del personaje de Winger para hacer que el detective acepte el caso es magistral y se debe al talento de la actriz. Detrás de todo está el británico Karel Reisz, surgido de la generación intolerante de los años sesenta (junto a Richardson, Forbes, Schlesinger), perfecto retratista de la ansiedad social. En su momento, hace 30 años, el discurso sobre esta reflexión acerca de cómo la corrupción se disemina imperceptiblemente no fue comprendida en su extensión (aquí se estrenó y salió rápidamente de las salas de estreno): el tiempo le da mucha sustancia y autoridad.

El director Karel Reisz (1926 - 2002)



19 CORTOMETRAJES DE LA NUEVA OLA FRANCESA

  CERRANDO CICLOS 19 CORTOMETRAJES DE LA NUEVA OLA FRANCESA (19 courts métrages de la Nouvelle Vague) Doriane Films, Francia, 2018. Pal, DVD...