domingo, 23 de agosto de 2020

LOS CONDENADOS NO LLORAN (1950) - Vincent Sherman

 

LOS CONDENADOS NO LLORAN

(The Damned Don’t Cry)

1950. Dir. Vincent Sherman.

         Narrada en una larga analepsis donde la protagonista principal, Ethel Whitehead, luego llamada Lorna Hansen Forbes (Joan Crawford), recuerda su pasado y todas las circunstancias que la llevaron a su presente, estamos ante una cinta que mezcla los elementos del melodrama que han sido básicos en la carrera de la Crawford, con los claroscuros del film noir, género que la estrella cultivaría con mayor fuerza en las últimas etapas de su carrera.

         Ethel es una esposa sumisa que vive al día por el mísero sueldo que recibe su esposo Roy (Richard Egan) como obrero de empresa petrolera, aparte de que viven todavía en casa de los padres de ella. Cierto día compra una bicicleta a su pequeño hijo, lo que provoca la ira del marido quien llama al niño para que retorne de donde se encontraba por lo que, al cruzar la calle, sin fijarse, es arrollado y muerto por un camión. Al no tener nada que la ate a su realidad, Ethel abandona familia, marido y pueblo.

         Sin experiencia, ya en Nueva York, no le queda más que aceptar ser vendedora de tabaco donde la encuentra el dueño de una manufacturera de vestidos baratos. Inicia como modelo y paulatinamente se introduce en la costumbre de alternar con los clientes, por lo que gana dinero extra. Luego, conoce a Martin (Kent Smith), un auditor que llega al lugar y a quien después presenta al gerente del cabaret a donde lleva a los clientes a consumir y jugar clandestinamente, para que tenga otra fuente de ingresos. Martin resulta tan efectivo que llega hasta el jefe del sindicato criminal, George (David Brian) quien controla el juego entre otros negocios turbios. Aunque Martin le propone matrimonio, Ethel ve mayores logros con George, del cual se vuelve amante.

         George le exige que se refine y la manda a Europa, aparte de cambiarle el nombre a Lorna y acercarle la presencia de una dama de sociedad, Patricia (Selena Royle), para que adquiera roce con personalidades de clase alta. Luego, George tiene que enviarla a Las Vegas para que se relacione con Nick Presta (Steve Cochran, en su mejor momento), uno de sus coordinadores de zona, vulgar y viril,  que siempre ha sido una amenaza, con posibilidades de independizarse y quitarle el poder. Lorna se enamora de Nick y no puede traicionarlo, pero se le adelantan George y Martin para ponerla en evidencia. Un enfrentamiento hace que George mate a Nick, por lo que Lorna huye del lugar, volviendo a la casa de sus padres donde ha estado recordando el pasado.

         Basada en el personaje real de Virginia Hill, quien también saliera de un pueblo del sur para viajar hasta Chicago, donde fue mesera, aparte de prostituirse, hasta que pudo involucrarse con la mafia local donde pasó de un hombre a otro, antes de que le tocara involucrarse con Bugsy Siegel, uno de los creadores del imperio criminal detrás de Las Vegas. Nunca se comprobó que se hubieran casado, pero Hill huyó de Estados Unidos algunos días antes de que asesinaran a Siegel. Todos estos elementos fueron perfectos para la creación de una película de Joan Crawford.

         La actriz había dejado la MGM en 1944 y al año siguiente, como estrella de la Warner Bros. se ganó el Óscar por El suplicio de una madre (1945, Michael Curtiz) bajo la producción de Jerry Wald quien sería el responsable de sus siguientes, pocos, grandes éxitos en este estudio, accediendo a interpretar a la madre de una adolescente. Para 1950, Crawford ya tenía 45 años y se le notaban. En Los condenados no lloran, originalmente se iniciaba con la joven Ethel antes de su matrimonio, algo que no podría convencer a los espectadores. Al director Vincent Sherman se le ocurrió presentarla como esposa pobre, descuidada, sin maquillaje, para darle el aspecto de avejentada. Crawford lo entendió pero no dejaría de representar a mujeres seductoras (y evidentemente mayores) hasta entrada su cincuentena, cuando trabajaría para la Columbia y la Universal.

El director Vincent Sherman con su actriz Joan Crawford                  (con la cual también tuvo un amorío fugaz)

         Ya convertida en empleada, y luego como modelo, aparece con maquillaje y ropa audaz con la intención de mostrar su cuerpo bien formado. Y al pasar a su nueva identidad como dama de sociedad, puede mostrar modelos más exclusivos, abrigo de mink, traje de baño a la moda, aparte de comportamiento exquisito. A lo largo de la película tendrá cuatro hombres en su vida que estarán perdidos por ella (desde el marido fracasado, sobre todo cuando pierden a su hijo, hasta el contador, el jefe del hampa o el criminal) quien, a su vez, sentirá algo por ellos mientras el siguiente no le ofrezca algo mejor.

         Más importante es la atmósfera de cine negro. Está toda la acechanza del camino hacia la perdición. Aunque no se define abiertamente, es de pensarse que Ethel, como modelo, pasó de cama en cama con los clientes de la empresa de ropa, y luego tuvo intimidad con los hampones. Ella misma se convierte en la persona que desvía a Martin hacia la deshonestidad, convenciéndolo de la necesidad de tener dinero. Y cuando éste le declara su amor, ella sabe que se encuentra con mejor postor para sus objetivos. Ya que la vida como esposa pobre solamente le trajo carencias y tragedia, lo que debe colocarse en primer lugar es lo material. Dentro de este mundo ya en su posesión, llega el amor en la persona del seductor gangster Nick (además de la sexualidad porque fue un gran golpe de reparto al tenerse a Steve Cochran en ese papel: atractivo y viril, autosuficiente, Nick sobrepasaba las expectativas de Ethel / Lorna), aparte de que George la había enviado a que llegara hasta la intimidad con tal de sacarle información.

Steve Cochran y Joan Crawford


         Sin embargo, no puede dejarse de lado al melodrama: Ethel / Lorna sufre maritalmente, pierde al hijo que era el único cemento en su relación, debe negarse al amor limpio de un hombre que se perderá por ella, aparte de que tendrá una redención final porque, sin importar el aspecto moral de su prostitución consciente o circunstancial, nunca quiso estar involucrada en algún asesinato. Lo que vino a lograr el perfecto equilibrio entre estos dos géneros fue la mano maestra del realizador Sherman, otro de los grandes nombres entre los directores que trabajaron para la Warner Brothers (de hecho, solamente una de sus cintas para pantalla grande fue para otro estudio). Sherman requiere un artículo particular que ya se compartirá.

 El joven director Vincent Sherman (en sus inicios)

         En algún momento de la película, el personaje de Ethel le explica a Martin, el buen contador, quien tiene emociones encontradas ante el trabajo que le ofrecen los hampones: Sé cómo te sientes. Eres un tipo amable, pero el mundo no está hecho para tipos amables. Tienes que patear y golpear y empujar hacia adelante porque nadie te va a dar un aventón. Tienes que hacerlo por ti mismo porque a nadie le importamos nada, excepto a nosotros mismos… De alguna manera, esta frase resume al personaje de Joan Crawford en esta película y, por lo que se ha sabido de ella, de su propia carrera.

 Un gran ejemplo de lo que fue ser estrella de cine: 
Joan Crawford

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